Las cartas que había intentado jugar, las apuestas que había querido ganar, los deseos que anhelaba atrapar; todo ello hundido en las aguas de las peores pesadillas.
—Lo bueno de los sueños es que, a veces, acaban cuando despiertas —le dijo con media sonrisa.
—Lo mejor es cuando sigues en ellos —contestó Nak acariciando su espalda, dibujando los mapas de tierras desconocidas.
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