sábado, 8 de agosto de 2026

Farsa revisited.


Silencio y  hastío. Siete llaves de metal dorado sin valor.

Si mientes hazlo con más imaginación; al menos me divertiría más que esta farsa mal guionizada.

Si no tienes imaginación déjate guiar por los tratantes de sueños, déjate llevar por las brisas que ya solo existen en anuncios de baratillo.

La hartura el vacío y la desidia.

Si no dices la verdad vístela con imágenes que me hagan más daño; al menos sonreiría ante un plagio tan evidente.

Esos besos camuflados en la niebla para recordarte que debes volver a las tabernas infectas donde todo es posible excepto las caricias sin renumerar.

viernes, 7 de agosto de 2026

Parasomnia

Denso. Suave. Dulce, Deslizándose por la piel. Buscando. Dibujando.  
La seda. el vello erizado. Brazos como serpientes. 
Escorzos. Manierismo de sudor y saliva. Jadeo suave. Respiración caliente en el oído. 
Dulces víboras en espirales de sombras. No querer soltar. Ser uno .Deseo. Turbio y pegajoso. Amargo y salado. No desear ese final ,aferrarse al espasmo que sube por la espina dorsal. 
No hay cuerpos. Extensión de materia informe. Perímetro amorfo de placer continuo. Extraños juegos de luces. Alargar el brazo hacia la nada. Desencuentros. No hay rostros, quizás no hay cuerpos. Ojos que no desean ver. 

Realidades paralelas, despertares oblicuos.





jueves, 30 de julio de 2026

Voices 2.0

 Soledad. Voces en su cabeza. Sombras sigilosas a su lado.  Silencio a su alrededor, pero sigue escuchando susurros que pueden ser ráfagas de viento o su nombre.

 La espera, que no tiene fin. A veces es un leve roce en el recuerdo o una señal en el horizonte o una sonrisa recordada; pero siempre las voces acariciando su memoria, arañando su soledad, haciéndose eco de lo inútil de la lucha.

Caminos extraños, Soluciones pospuestas. Decisiones tardías, Manos tendidas. Lágrimas y rincones oscuros donde las heridas continúan sangrando hasta supurar.

Noches densas Deseo. Oscuridad mientras los sueños siguen deslizándose por el sumidero del amanecer.

martes, 7 de julio de 2026

Nak 538

Las vías marchan hacia la muerte; inseguras, paralelas. El reloj dio 28 puñaladas resonantes. Luces de lascivia barata en neón: Nak golpea la puerta de las tabernas buscando prostitutas tísicas para Molibdeno. Pasan los trenes, estiletes de la añoranza, hacia el lugar de las ejecuciones rituales.

No es posible la redención para Nak y Molibdeno. La luz se abre paso en la noche, malla de desencuentros para iluminar cadáveres tímidos que no bailan, que no besan, que no desean.

La brisa nocturna rezuma a muerte.

El viento acaricia la superficie lisa de los raíles.

Cuesta trabajo pensar en la salvación de los infelices, piensa el Ciudadano antes de que la locomotora le parta otra vez el cráneo de modo seco, ligero; casi sensual.


Westplaw revisited

 Mujeres desconocidas pasean por la calle engalanada con banderas negras. Días con la luminosidad perfecta de lo inútil, de fulgor extraño aboyando en el calendario triste. Viajamos más allá del Océano. Nubes de tormenta cabalgando en el cielo. Le gustaban los horribles espectáculos de vulgaridades decadentes: las palomas de enorme pico, las atrevidas danzas de elefantes devorando hombres de pelo canoso y pies grandes. También frecuentaban tugurios donde poder contar las gotas de sangre rodeando los labios de las jóvenes escondidas en la penumbra, donde se ignoraba la bilis que asomaba entre las vetas de mármol de los veladores.

En la terraza del bar el tiempo se detiene. Los ñandúes polacos bailan un fox-trot al compás de la orquestina. Los parroquianos agitaban los vasos de licor mientras afuera caía una lluvia inexistente. Un inoportuno cambio de la brisa y pompas de música cayeron sobre mi bebida. El aire olía a truenos y relámpagos. Las nubes acunaban sueños. Había soledad, personas asomadas a los balcones esperando la lluvia y una voz exclamando: "¡Qué devaneo!"

Una agradable caminata a la orilla del Océano que no quiere devorar soles. Pasaron bandadas de golondrinas, tiré piedrecillas al estanque y comprobé que los tratantes de sueños estaban en huelga. Una muchacha se despereza ante la ventana. La luz de un flexo esculpe su cuerpo. No hay tiempo en los relojes. Amanecí agotado entre sus brazos; al menos el sueño terminaba así. Los cadáveres guardaban, con disciplina, su turno frente al muelle; uno a uno caían al mar con suavidad, arrancando un sonido tenue. El repiqueteo asmático del teléfono ahogado en la pecera, donde encontraron calcinado al último recaudador de sueños, y las acrobacias de los aprendices de suicidas antes de que se desintegrasen contra los adoquines. El sol aplastaba sombras. Un trago de aire y polvo. El camarero se suicidaba los días pares y los clientes se apuñalaban entre sí todos los jueves de calma chicha y los días de lluvia de zumo de manzana. Queríamos que pasase algo y Eric Satie agitaba su pañuelo rojo. Corrimos hacia él intentando atrapar las pompas de música que salían de su pipa-piano. Sonrisas sin motivo en el fotomatón ofreciendo una fotografía descolorida con un grupo de sonrientes desconocidos. Esperábamos a que se acabase la cerveza, a que se terminasen los atardeceres; tal vez, con suerte, podríamos acabar flotando alegremente, panza arriba, en el Océano y ser, algún día, una lágrima verde o, simplemente, un náufrago en tus ojos.