La sirena rompe la oscuridad. Ristras de días fríos entre lluvia, golpes, gemidos de dolor. La ciudad nunca despierta.
Mañanas de boca pastosa, zumbidos extraños dentro de tu cabeza, cartera vacía y sueños robados. Tardes de puñaladas y miradas perdidas en vagones de metro, con olor a derrota.
Noches de resaca y tabaco. Anocheceres de cerveza caliente, manos frías y un beso lánguido en un portal húmedo.
Sé que no te quedarás esperando el amanecer. Esos fueron otros días. Siempre suena esa canción que no puedes olvidar.

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