Yates cabeceando en el muelle. El malecón espera. Ritual de beber a morro de una botella de vermut blanco. La terraza de bar. Las jarras de cerveza. Gafas de sol e impecables polos. Observando la fauna de veraneantes. El paseo vespertino de vanidad e hipocresía
No importa. Alejados de la morralla. Postureo hedonista. Mirando por encima del hombro con hastío y suficiencia. Siempre hay lugar para otra cerveza. Juegos de palabras que ellos creen brillantes. Los elegidos para liderar noches cálidas, los guías del rebaño. No importa, son tan elegantes que las modas no les alcanzan.
Sentados apurando las copas. Señalando imperfecciones. Susurrando críticas. La tarde se derrumba: colores chillones, vestidos cortos y pieles bronceadas. Ponerse en movimiento para nadar contracorriente. Evitan el contacto no se vayan a ensuciar sus inmaculadas ropas.
Les ves, sigues bebiendo cerveza y todo te da igual.