sábado, 24 de octubre de 2026

Rydeen

La luz del sol se diluye sobre la jarra de licor de mandarina. Ella está allí, leyendo poemas de un tal Verlaine. Rydeen se llena de olores nuevos, de silbidos desgarrados de golondrinas y de jóvenes de sonrisas amables y camisas blancas. El Ruysm se desliza con lentitud acariciando las gabarras cargadas de vainilla y miradas de odio ajeno.

Kafka tose levemente desde la mesa del fondo. Los músicos de la orquestina beben, entre pieza y pieza, potasio en grandes vasos ahumados.

En Rydeen ya se siente el verano. Algunas muchachas bajan la mirada temerosas. Intento descifrar las notas que he tomado sobre el dorso de la cuenta. Ella deja el libro sobre la mesa y espera con sus labios, húmedos y entreabiertos, que algún mortal lleve su aliento prendido de la solapa. El cielo tiene un color verde ataúd.

Pasa un tranvía lleno de oficinistas. Kafka saluda a Vian antes de continuar leyendo una carta en Falwai. La tarde arrastra las sombras de los edificios. Las aguas del Ruysm reflejan nubes extrañas y una ciudad de juguete. Ella desvía la mirada hacia mi buhardilla.

Permanezco sentado, sorbiendo el licor de mandarina mientras su vestido blanco juega con la brisa. Cae la tarde; a lo lejos escucho risas burlonas y los timbres de las pesadas bicicletas negras. Le sonrío y me besa bajo las primeras luces de las farolas.

Desde la ventana de nuestra habitación se ve la ciudad. Los cadáveres terminan sus juegos y regresan a las oficinas en sus monturas humeantes de ajonjolí. Los niños dejan que las palomas les saquen los ojos con un sonido suave, como de ola perezosa. Es momento de ocasos robados y océanos perdidos.

El anochecer llega como un asesino aficionado. Los tranvías resbalan hacia la muerte con chispazos violetas. Alguien, con sonrisa efervescente, tira piedras a los calendarios. Algunos edificios revolotean sobre la luz triste del horizonte. Espero, sujetando la barandilla, a que la luna errática parpadee mensajes. Dicen que hay un Océano lleno de estrellas lentas y náufragos flemáticos.

La abandoné con los labios destrozados a mordiscos. Escapé de sus ojos en mitad de una pesadilla. Besé sus caderas mientras ella recitaba sonetos indescifrables.

Hui en la noche buscando a Nak. Tropecé con él a la salida de un bar y supe que me iba a divertir. Aplastamos las cabezas de algunas cucarachas que gritaban nombres de diseñadores, ahogamos a las ladillas de un tal Verlaine, arañamos ojos de ñandú polaco y quemamos las cejas de un tratante de sueños que dormitaba sobre el cadáver de un gordo.

Regresamos ebrios de noche. Naranjas saladas y diablesas de pago. Quisimos perdernos otra vez en el vientre de las estrellas, pero el Océano se cerró sobre nosotros. Desayunamos licor de abedul con ginebra de iridio. Los murciélagos escribían con alas sangrientas el cielo desesperado.

—Todavía hay esperanzas —dijo Nak antes de vomitar rubíes sobre la tarta de moras abandonada sobre el cuerpo de ella. En sus ojos, las luces del amanecer brillaban con una última lascivia.










martes, 20 de octubre de 2026

viernes, 16 de octubre de 2026

Límites 2.0

Quisiera retomar el juego, pero desconoce que las reglas han cambiado y ya no le permiten doblegar al adversario. Intenta las viejas tretas que funcionaban en el pasado y estas, tan conocidas para el contrincante, solo tienen que mantenerse firme para evitarlas. No sirven las tácticas que aseguraban victorias, se encuentra perdido fuera del tablero.

Añora sentirse el centro de atención, saber que le tiene bajo su puño, chasquear los dedos y tenerle a su lado dispuesto a recoger las migajas que ofrece.

Desearía retomar el juego del poder y aprieta fuerte los puños al comprobar que, para eso, hacen falta dos y ya no hay nadie en la habitación.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Wake up

 Los monstruos terminan por llegar. Nadie lo quiere admitir, pero están ahí. Miras de soslayo al doblar el pasillo y puedes sentir su aliento en la nuca. Acurrucado en un rincón Las manos en los oídos para no escuchar el mantra que corroe el alma. Escondido bajo las sábanas acompañado solo por el llanto mientras los sonidos cabalgan por el aire. El alma arañada y la tarde gris.

Los monstruos llegan y tienen la cara de tu padre. Los monstruos acechan. y tienen las manos de tu abuela. Los ojos tapados, las lágrimas y el desconsuelo. No deja de sonar ,no deja de escucharse y solo quieres crecer de una vez, que se termine la película y que el libro no se acabe.   

martes, 29 de septiembre de 2026

Destroy the heart


Perdido entre los restos de su naufragio. Buscando el aire que ya no existe. Fotografías que ya no tienen sentido. Cartas del pasado con palabras falsas y cínicas. Lágrimas. Gritos mudos. El apartamento vacío. Rebota un sollozo silencioso. Botellas vacías. Ceniceros llenos.

Hundido. La mirada húmeda en el espejo. Remordimientos los justos. Castigo. La soledad era esto. La orfandad era esto. No son los muertos los que se quedan solos. Devastado. Arrasado. No hay nadie al otro lado del teléfono. Silencio. Buzones vacíos. No se hacen prisioneros.

No habrá más paseos ni copas compartidas ni guiños ni sábanas revueltas en domingos eternos. No hay nada salvo el vacío, el eco. Regodeándose en el dolor. No importa rebajarse, no importa implorar. Rellenar cuartillas. Esa letra temblorosa no hará que nadie se conmueva. Intentos inútiles. Ruinas. Madrugadas en vela. Sufrir hasta la extenuación esperando el gesto que no vendrá, aguardando la falsa redención de un mensaje respondido.