Nak fue perseguido por un sueño. La noche se hizo demasiado corta entre corsés, miriñaques, chaquetas militares, pieles pálidas, labios rojos, susurros cómplices, guiños pícaros y ropas revueltas.
El sueño persiguió a Nak hasta que los rayos atontados de un sol azulado resbalaron por las colinas flotantes, entonces Nak pudo esquivarlo y guardarlo entre los pliegues de su sonrisa.
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