Vuestros aciertos, nuestros errores; tu victoria, mi derrota.
Y así, en una letanía inconexa, hasta que los sueños devoraban a Nak, las palabras se amontonaban entre las sábanas usadas y el goteo del grifo.
Amanecía en azul sucio mientras Nak seguía luchando contra sus miserias.
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