Espera. Aguarda. Escucha el sonido de esa respiración. Recapacita.
No, no lo hagas así; mejor déjale llevar la iniciativa, para que piense que tiene el control. Aguanta. Resiste. Puede que todo sea un mal necesario: una condena justa o un premio inmerecido.
Dibuja, diseña, esparce tu técnica. Deslumbra con tu sabiduría, aplástalos con tu erudición engolada e hipnotízalos con el sutil movimiento de las manos. Al final, comerá de tu mano... justo antes de que sientas cómo sus fauces comienzan a devorar tu inflado ego.

No hay comentarios:
Publicar un comentario