No hay reproches. Sin ira. Días de un pasado inexistente. Recuerdos amorfos. Mirar hacia adelante. Sentir esa extraña caricia de dedos invisibles.
El futuro aguarda afilando las horas, destrozando calendarios, mutilando agendas; las mañanas del futuro tan idílicas como falsas. Cartón piedra y trampantojo.
Sin lugar para el rencor o la venganza. No hay sitio para las lamentaciones. A pesar de ello se aferra a aquello que sabe que jamás ocurrió para buscar una explicación que jamás nadie ofreció.

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