Mundos pequeños que parecen querer estallar como burbujas; minúsculos para tantas palabras; ínfimos para el efímero resplandor de una supernova.
Deseo ver el océano y sentir la lluvia, los olores conocidos, las caricias robadas, los sabores que estremecen. Espejismos y sal.
Una lámpara encendida, un cigarrillo, una canción. El frío de un eterno invierno y el viento nocturno que trae aromas envenenados. Todo eso me aleja de mí mismo y de esos mundos microscópicos que no terminan de explotar.

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