Esa herida en la cabeza por la que se escapan los sueños. Ese dolor sordo y ese continuo rumor de pesadilla resbalando por los bordes abiertos.
El asombro al comprobar cómo se esparcen por la cama, empapando las sábanas, las inútiles ilusiones construidas para soportar la realidad.
La mirada asombrada de alguien frente a un espejo sucio y la sensación de que no es agua aquello que se va por el desagüe.
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