Lejos aúlla el océano. Cabellos prisioneros, dedos que se desmayan.
Ciudadanos y tratantes de sueños golpean a un ñandú polaco. . Un encuentro de estrellas fugaces. Caricias lentas entre la oscuridad del abandono. Música para los sordos que hacen el amor dando alaridos. Un sentimiento recorre la piel fresca, hecha para ser mordisqueada, para ser surcada en nuevas singladuras.
Huele a estancias vacías. Una flor grita y las colinas flotantes cabalgan sobre un océano interminable.
Jugar a esconderse tras los vidrios empañados. El neón bailotea sobre las ráfagas de lluvia. Dolor, angustia y, lejos, unos ojos que atrapan amaneceres .La brisa dibuja un rostro. Sobran palabras .Suave, muy suave como el roce de un vestido que resbala piel abajo. Parecen frescos, suaves, húmedos; hechos para ser besados, la mano se detiene en los cabellos.
Piel y viento. Grita el océano celoso. Huyen gaviotas. Desean atraparnos antes de que salga el sol. Todavía tenemos tiempo para eludir los calendarios que ignoran todo. Agárrate a mi cuerpo.
Poco a poco, la luz. Bosteza la luna reflejada en su mirada.. Deslizarse suavemente, sin miedo, sin pensar en sus asquerosas manos sobando tu cuerpo, bebiendo tus ojos, ahogando tu mirada de brisa fresca. Contemplar el suicidio lento de las olas en la playa. Un velero solitario desafía al sol adormilado. Caen los brazos eludiendo el postrero abrazo.
Las manos dibujando ríos sobre tu cabello. Te metieron en un ridículo cochecito color avellana. Ellos sonreían mientras me golpeaban sin ganas, sin odio; cumpliendo el ritual. Tosí y escupí sangre.
Aspirar el aire tormentoso. Dar patadas a los botes vacíos. El océano parecía reírse, le lancé una piedra. Aguardo a que venga la noche para esconder mi tristeza mientras suenan viejas tonadas de amor
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