Las vías marchan hacia la muerte; inseguras, paralelas. El reloj dio 28 puñaladas resonantes. Luces de lascivia barata en neón: Nak golpea la puerta de las tabernas buscando prostitutas tísicas para Molibdeno. Pasan los trenes, estiletes de la añoranza, hacia el lugar de las ejecuciones rituales.
No es posible la redención para Nak y Molibdeno. La luz se abre paso en la noche, malla de desencuentros para iluminar cadáveres tímidos que no bailan, que no besan, que no desean.
La brisa nocturna rezuma a muerte.
El viento acaricia la superficie lisa de los raíles.
Cuesta trabajo pensar en la salvación de los infelices, piensa el Ciudadano antes de que la locomotora le parta otra vez el cráneo de modo seco, ligero; casi sensual.
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