Verborrea. Un continuo tabletear de palabras. Solazándose en el sonido de su voz. Proclama a los cuatro vientos su elocuencia. Difunde al orbe su sapiencia, difunde su conocimiento por todo el universo conocido.
Martilleando a la espera de esa respuesta que no va a llegar, prisionero del sonido de su voz, embelesado por su discurso profundo y sesudo. Intentando deslumbrar con historias que cree transgresoras y sólo patéticos intentos de aferrarse a lo que ya no es.
Pasa el tiempo, el reloj se encoge y ahí continua. Deseas compartir aquel último sueño y te puedes ver asintiendo, esperando que la luna se lleve esos espectros parlantes. Cierras los ojos y todavía permaneces aferrados a tus oídos; aunque sabes que ya no duele, que ya no importa que siempre fue verborrea para alimentar su egoísmo desaforado.
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