Cuerdas y jadeos. Mordiscos. Dejarse llevar. Bocas ávidas y frescas. Azul y fresa; fresa no solo en sus labios. Azotes suaves. Dolor. Sonrisa.
Atado a una imagen: correajes y corsé. Palidez hermosa, deseo. Deseo. Espalda donde dibujar mapas de dulce dolor. Placer. Rosa, rosae.
Nudos, arañazos; golpes consentidos. Sentirlo tan dentro que quema. Posesión y sangre. Relamerse los labios para no dejar escapar ni una gota, salada y cálida, vampirizando el instante y los golpes como caricias.
Azul de fuego y hielo; azul húmedo, azul de noche perdida. Fresa ácida, rosa palpitante. Azul inaccesible y doloroso. Piel contra piel, arañando para descubrir hasta dónde se puede someter y ser sometido.
Cerrar los ojos, abrir la mente, comenzar el viaje y no desear llegar a ningún lugar... excepto a aquel en el que comienzan las pesadillas dulces, mientras se lleva en la piel el sabor del placer y del dolor.

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