miércoles, 31 de diciembre de 2025

NAK 532.0

 Nak anhela desaparecer durante un instante. Piensa en lo fácil que sería dejarse llevar por los espejismos de las colinas flotantes, sumergirse en las frías aguas del océano o, simplemente, decidir rendirse mientras la tarde se llena de muchachas pálidas persiguiendo oficinistas histéricos.

Los tratantes de sueños se guarecen de los aguaceros en los callejones. Pasa el eterno tranvía amarillo, esquivando los cuerpos de los ñandúes polacos ebrios. Los ciudadanos buscan en sus carteras billetes arrugados para el sexo ritual y mecánico.

Nak vaga por la ciudad. Sin noticias de Molibdeno. Kapek le susurra extrañas palabras al oído. Cae un aguacero  que hiela hasta el alma; Nak está agotado y solo puede mascullar frases sin sentido. Se desploma en el umbral de un portal desconocido. Ha llegado la temporada de los desechos en flor.




lunes, 29 de diciembre de 2025

2025. (Nak hace balance)

"El comienzo es el principio del fin. Terminan las sonrisas con cajas cerradas. Comienzan amistades. Se suelta más lastre: lastre de hipocresía, lastre de estupidez y petardeo. 

Otros comienzos. Extraños comienzos con seres aún más extraños a los que no quiero ni deseo calificar. Tardes largas de ordenador y legajos; mañanas de bicicleta.  Alguna noche en la que quise creer en la bondad de las personas ,pero descubrí, al final, que, con seres que nada aportan ,el silencio es la opción deseable.

Siempre el Océano y la sal. Saber que se va apagando una luz y resignarse a disfrutar de sus momentos de brillo. Llegar, por fin, al convencimiento de que la familia nos es impuesta y tenemos que tragar con unos sinvergüenzas de marca mayor. Más peso muerto fuera, lejos; la comunicación justa y que cada cual haga lo que considere necesario. El enfrentamiento solo alimenta al narcisista.

 Mañanas y tardes que solo se pueden compartir en voz baja. Mañanas y tardes de risas, porque siempre hay risas. Mañanas y tardes de complicidad. Los ojos, la piel; no hacen falta palabras.

Cambios. Cambios muy drásticos. Cambios esenciales. Cambios que dan vértigo. Cambios que descolocan y, a la vez, reordenan la línea vital. 

Aviones. Aeropuertos. Coches de alquiler. Ver cómo todos se van haciendo adultos, ver cómo todos envejecemos con mejor o peor suerte. Saber que casi todo lo bueno que sucede es ya es una bola extra.

La música. Siempre hay música. Y un parto. Más difícil de lo que pudiese parecer; más complicado de lo que hubiese deseado. Muchas horas, mucho sueño perdido y la sensación de que podría ser un poco mejor, pero también mucho peor.

El camino recorrido no ha sido siempre fácil ni agradable. En ocasiones, el itinerario contenía etapas complicadas. Hubo momentos en los que la ruta se suavizaba y nos deslizábamos hacia la meta de modo automático, suave, seguro. La carretera nos llevaba a lugares insospechados, a sitios comunes, a parajes de ensueño, a puntos de pesadilla, a espacios por descubrir. La sensación de ir siempre acompañado. Saber que si buscas esa mano la vas a encontrar; estar seguro de que, al tropezar, no te dejarán caer al suelo.

Hay un momento en el que se toma la decisión de detenerse. Existe un momento en el que no hay más remedio que parar porque ya no encuentras fuerzas para avanzar. Aparece un momento en el que todo parece querer decir «basta». Ese momento ha llegado. No hay más combustible que quemar, mejor dejarse llevar por la corriente hasta  completar el ciclo.

Finaliza aquí mi ruta, no os acompañaré más. Ojalá vuestro viaje haya sido tan enriquecedor como el mío. Os doy las gracias por haber estado ahí; os pido disculpas por no haber estado, en muchas ocasiones, a la altura de las circunstancias. Me despido con el ánimo alegre, con una sonrisa y con un «idos a la mierda» bien fuerte, pues me habéis hartado con vuestra hipocresía y vuestro egoísmo."

 Nak presionó la tecla "ENTER" . Sus ojos  brillaban , su mano no tembló.




domingo, 21 de diciembre de 2025

Ríen ne va plus

El crupier salmodia las palabras mágicas. Se ha lanzado la bola que gira loca en una extraña ruleta.Aguardas con el pecho encogido el resultado final. Crees notar todas la miradas pendientes de tu reacción, aunque todos te ignoran, Escuchas el sonido del mecanismo , el repiqueteo de la esfera metálica contra las casillas y sabes que el resultado ya ha sido decidido en otro lugar , que el azar no es más que otra broma macabra y que la suerte nunca ha estado echada, pues el juego siempre ha estado trucado y nunca has tenido oportunidad de equilibrar la balanza . 




viernes, 19 de diciembre de 2025

Winter

Largas tardes de invierno. Silencios cargados de aquello que hace daño y de aquello de lo que no se habla. Tardes de invierno húmedas con olor a café y a mantequilla.

Siempre hay una luz encendida en el pasillo angosto que lleva a esas habitaciones en las que no queremos entrar, esas estancias que nos aguardan con un ambiente gélido y el sonido apagado de un reloj que no existe.

Esos atardeceres que preceden a noches de sábanas frías, crujido de maderas y sombras en los espejos.





martes, 16 de diciembre de 2025

Reacción

El espejo le ofrece una imagen demasiado conocida: un tipo de aspecto cansado, casi vencido por su cobardía y sus miedos. Tenía ganas de gritarle… —“¡Vamos, reacciona! ¡Muévete!”—. Pero el individuo continúa apático al fondo del cristal, sin dar ninguna muestra de empuje.

Busca algún resquicio en su expresión que le indique que, tal vez, algún día se pueda rebelar contra toda esa apatía y los puños hagan, aunque solo fuese eso, el amago de destrozar el cristal y gritar al viento sus palabras de ira…

Escudriña entre los pliegues de la piel que tiene enfrente y no logra encontrar indicio alguno de voluntad.

Y así, día tras día, se hunde en la espiral de la monotonía y la conmiseración; hasta que llegue el momento en el que ya no le quede nada más que el reflejo de lo que algún día fue.




domingo, 7 de diciembre de 2025

NAK 531.0

Desde el tranvía amarillo Nak ve la marea de gente aboyando en un mar de asfalto. El Ciudadano gordo, repantigado en el asiento contiguo clava el codo en el hígado de Nak. Las luces desvaídas de la ciudad sucia, maloliente. Los ñandúes polacos, asustados, se refugian de la lluvia en los soportales oscuros.

Nak se pregunta hasta donde podrá resistir está exhibición de carne con ojos, hasta donde le llevará este carrusel absurdo con olor a sudor y pies. Las pantallas de MundiVisión retransmiten las decapitaciones semestrales. Nak aprieta con fuerza un recuerdo en su abrigo raído, teme que salga disparado en cuanto se abran las puertas del tranvía. Pasa un aerodeslizador sobre las cabezas de los oficinistas estresados que agachan temiendo perder sus cabezas.

Afuera ha dejado de llover. Nak camina hacia ninguna parte con la esperanza de no llegar jamás.