Fingir. Mentirse. Aferrarse a ese gesto, a la caricia que no está.
Miradas. Alguna palabra, quizás un guiño. El galán de noche jamás volvió a oler igual. Encuentros nada fortuitos. Un ombligo. Piel morena. Busca en su piel las marcas y solo ve noches de verano, carreras alocadas y besos sin despedida.
Lluvia en los cristales. Tabaco. Los largos inviernos. Las cuartillas emborronadas. Madrugadas de soledad impostada. La espera tan larga, la condena tan dulce. Quimera, cuentos de hadas y brujas que nunca son buenas. Lluvia en los cristales y la promesa de hermosos atardeceres de otoño. Cartas que nunca son respondidas. Medias verdades. Viaje iniciático: borra esa estúpida sonrisa. Realidad de pensión de medio pelo, El metro. Las reglas cambian porque nunca hubo juego. Un túnel, un tren que parte hacia otras torturas, hacia otros mares.
Anclado en una ficción, aferrado a falsas señales, alimentándose de las migajas de lo que nunca fue. Sin voces, sin caricias y el olvido que nunca llega.
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