Nubes. Brisa fresca erizando la piel. Las ciudades se desperezan con automóviles que bostezan y vagones de metro desangelados. Una sensación de punto y seguido, de doblar esa esquina que parecía lejana, de final de ciclo.
Carteles advirtiendo sobre brokers en celo. A lo lejos aún se notan las marcas de los suicidas sobre la acera. Promesas que no sirven para nada. Respirar humo y expirar odio.
Odiar, odiarse; resistir y seguir bailando.
Dicen que sale el sol. También aseguran que Molibdeno estuvo por aquí hace años. A veces recuerdo cómo era el capitán Nak, pero desde que los especuladores me robaron Praha ya nada parece igual.
Quizás el espejo esté demasiado ajado y Alicia Liddle ya no quiera pasearse por aquí, o simplemente esté de orgía con el Sombrerero Loco y el Conejo… nunca se sabe.
Dejarse llevar por el calorcillo de la mañana, esperando que los sueños no se conviertan en pesadillas.
Conocer gente nueva que debería ser ya vieja conocida.
O tal vez olvidar gente que jamás debí conocer.
Recordar personas olvidadas.
O simplemente divagar hasta quedarse con imágenes caleidoscópicas de películas porno.
Críptico como una lata de Coca-Cola repleta de cigarrillos, o como un MP3 encendido en una habitación vacía. La televisión vomita imágenes de otro tiempo mientras nadie recuerda dónde aparqué mis convicciones amarillas.
De alguna manera esquivé ese día y regresé con una margarita. ¿O simplemente me volví a engañar?
A lo lejos parpadean los recuerdos perdidos, las palabras olvidadas y los sueños burlones.
Veremos en qué queda todo esto. Limpiaremos los restos de buenas intenciones y arrancaremos de nuevo, sin pensar. Sin mirar atrás.
Los pequeños trocitos de mi corazón, recogidos en una urna de metacrilato, me acompañan en el enésimo fracaso. ¿No me crees? Sus ojos de carnerito me hacían reír.
Por ahora se ha instalado en mis sueños y no hay manera de lograr que apriete el gatillo.
Lejos, muy lejos; allí donde los sueños tienen forma de rostro, donde las lágrimas se esconden tras copas manchadas de carmín, donde las chicas ya no piden dinero… tan lejos que no queremos volver.
Ayer creí atrapar un deseo. Estaba tan cerca que casi pude rozarlo con la punta de los dedos, pero se escurrió como algo blando, como un espejismo. Creí ver una señal en las nubes. Se ven cosas raras en días tan extraños.
Esta tarde intenté no tomar la pastilla, pero es tan fácil cerrar los ojos y ver crecer los sueños con rostro.
Más tarde o más temprano, el patético Nak dejará de cortarse el pelo al dos y seguirá prisionero de sus pensamientos. Dejémosle elucubrar.
A lo lejos dicen que hay un océano. Desde aquí solo puedo verme sobrevivir.
Las zapatillas, el pelo corto y el sabor de la cerveza fresca. Algunos sueños se apelmazan en las sábanas revueltas. Suena la brisa nocturna y canciones que jamás compartieron. Sabía las palabras adecuadas, pero no era tiempo de pronunciarlas. Nunca habría tiempo.
Agarrado al vaso, intentaba no naufragar. Trataba de escuchar las nubes o atrapar imágenes para noches como esta.
El sabor de sus muslos en los labios y otro sueño para sonreír.

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