Quisiera retomar el juego, pero desconoce que las reglas ya no son las que antes le permitían doblegar al adversario. Intenta las viejas tretas que funcionaban en el pasado, y estas son ya tan conocidas que el contrincante solo tiene que mantenerse firme para evitar los dardos. El campo de juego ha cambiado, no sirven las tácticas que aseguraban victorias y se encuentra totalmente fuera del tablero.
Añora sentirse el centro de atención; echa de menos saber que le tiene en su poder; extraña chascar los dedos y tenerle a su lado, dispuesto a recoger las migajas que ofrece.
Desearía retomar el juego del poder y aprieta fuerte los puños al comprobar que, para eso, hacen falta dos y ya no hay nadie en la habitación.
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