lunes, 21 de marzo de 2011

Nak 12.0

El sonido que llegaba desde la calle era triste, tan triste y asquerosamente melancólico como el sonido de un violín chirriante.

Ellos reían con la boca abierta, enseñando los colmillos. Nak les dejó ir, sin avisarles sobre las bondades de la mina antipersona que estaban a punto de pisar.

Había dejado sus convicciones en la otra chaqueta.

Las zapatillas, el pelo corto y el sabor de la cerveza fresca. Algunos sueños se apelmazan en las sábanas revueltas. Suena la brisa nocturna y las canciones que jamás compartieron.

Agarrado al vaso intentaba no naufragar, trataba de escuchar las nubes o atrapar más imágenes para noches como esta.

A lo lejos puede intuir el océano; en sus sueños intenta atrapar el sabor salado de la penúltima ola. Cerca atisba el final de los días y el comienzo de las pesadillas.




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